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ARTICULOS
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LI CHENGYU: VIDA Y MUERTE DE UNA CENTENARIA TAOISTA
Una
tarde, hace pocos días, estaba en la cama divagando, cuando comencé
a pensar en esta anciana. Poco más tarde llegó Zhang y justo
me empezó a hablar también de ella, poniéndola como
ejemplo de una vejez y una muerte digna. Me sorprendió la coincidencia
de que la sacara a colación cuando yo había estado pensando
en ella , ya que no habíamos hablado de Li Cheng Yu quizás
en uno o dos años, y también me sorprendió enterarme
de que había fallecido, a pesar de que por edad, era más
que previsible. Zhang se había enterado leyendo una revista del
mes de Julio, de Wudang, si bien el fallecimiento se había producido
en febrero del 2003.
Cuando estuvimos en China, en verano-otoño del 2002 tuvimos la
suerte de que nos recibiera, justamente como medio año antes de
su fallecimiento. De vez en cuando me dirigía la mirada brevemente,
cuando los demás atendían a otras cosas, lo que me producía
una leve conmoción, sin embargo, ella sonreía. Aparentemente
había momentos en que su cabeza se "iba", como a la mayoría
de ancianos, aunque tuve duda de si no era más que una consecuencia
de llevar tanto tiempo sobre esta tierra que lo de fuera ya no merece
atención. Fuera como fuera, por momentos, cuando sí decidía
estar con nosotros, daba la impresión de ser una mujer extremadamente
sensata, sabia y entrañable. Me conmovió profundamente.
A continuación pongo un extracto traducido del chino, del artículo
que apareció en el nº 7 de 2004 de la revista Wudang.
SUS ORÍGENES
Li Cheng Yu nació en Hubei, en 1885. A la edad de tres años
la enviaron a una aldea para ser criada en la casa de su futuro esposo.
Su futuro marido era tan solo dos años mayor que ella, ambos no
eran más que dos niños inocentes. Cuando tenía 11
años, en aquel otoño un bandido que estaba huyendo, no hacía
más que molestar a los campesinos. Un día que Li Cheng Yu
estaba huyendo buscando refugio, se perdió. Ella sola se escondió
entre unas matas de los arrabales. Sacudiéndose el miedo de encima,
soportó dos dias y una noche en el lugar nerviosa en extremo. Después
de eso, su padre decidió llevarla de vuelta a la ciudad, pero como
ya era una joven que había sido entregada a la familia del futuro
marido no era bien visto que permaneciera con sus padres, por eso finalmente
la llevaron a una casa de caridad hasta que cumplió 17 años
y contrajo matrimonio.
SU VOCACIÓN
Sin embargo, poco después de casarse, Li Cheng Yu cayó
enferma de tuberculosis. Como no encontraba curación, fue hasta
las montañas de Wudang para rogar al cielo. Allí, el abad,
que pertenecía a la 23ª generación de la secta de la
Verdad Completa, la curó. El ambiente del monasterio acabó
fascinándola. Para devolverle el favor al abad que le había
salvado la vida, decidió persuadir a su marido para que tomara
otra esposa y ella poder dedicarse de lleno a la vida monástica
en Wudang. No había prácticamente nadie que comprendiera
este gesto , por eso, nada más expresar su voluntad, tanto su marido,
la familia de éste como la propia, así como toda la sociedad
circundante, se le puso en contra, pero ni estos, ni los amigos más
cercanos ni nada conseguía hacerla entrar en razón. Ella
sabía que para poder hacerse monja, su marido era la pieza clave,
por eso por un lado, trabajaba para el marido, y por otro, por sí
misma le buscaba novia. Su marido acabó dándose cuenta de
que ella ya tenía una decisión bien tomada, así que
no tuvo más remedio que ceder.
Finalmente ingresó en un templo. Aquel lugar se llamada Pura Alegría
y se enclavaba dentro de la ciudad, ocupando una enorme extensión. Allí
Li Cheng Yu se dedicaba a leer libros sagrados, meditar y realizar el
resto de las tareas propias del monasterio, llevando una conducta regular
y ganándose la aprobación de un buen número de taoístas.
En su tiempo libre se dedicaba a pedir limosna y a explicar los libros
sagrados, a dar buenos consejos especialmente a las jóvenes aún
sin casar y a las que ya lo estaban. En tres años se ganó
la confianza de todos siendo conocida por su disponibilidad a la plática.
TIEMPOS DE PRIVACIONES FÍSICAS
En 1935 el valle donde se hallaban sufrió una gran inundación,
seguida de dos años de sequías y epidemias que diezmaron
en gran número la población. Uno tras otro, muchos de los
sacerdotes taoístas se vieron forzados a abandonar los templos
para poder sobrevivir, convirtiéndose en seglares y volviendo al
campo o bien pidiendo limosna. Li Cheng Yu fue una de esos taoístas
entrados ya en años, que fueron a parar hasta las chozas de fuera
de la ciudad que servían de conventos, para reducir los gastos
de vivir en la ciudad. Con frecuencia dependían de las hierbas
silvestres y las cortezas de los árboles para matar el hambre.
A veces, en los peores momentos, incluso se comían el polvo que
quedaba tras quemar las varitas de incienso, pues no había otra
cosa. Igual pasaban dos o tres días hasta poder comer algo. Sin
embargo, una vida tan dura no amedrentó a los que quedaron, sino
que contra viento y marea mantuvieron siempre vivo el fuego del incienso
en los altares y al mismo tiempo ayudaron a mendigos y vagabundos.
Una vez que cesaron las calamidades, ese puñado de taoístas
del templo, entre los que estaba Li Cheng Yu, recibieron la estima y el
respeto de los habitantes de la zona.
TIEMPOS DE PRESIONES PSÍQUICAS
En
la época de los años 50, algún que otro político
de la zona no veía con buenos ojos el estatus de los taoístas
que vivían en templos, así que decidieron forzarlos a abandonar
la vida monástica, y llevar una vida normal de campesino, con familia
y trabajo. Había mucha gente que se reían con desprecio
de esta nueva situación de los sacerdotes, aunque no todos opinaban
igual, el tema se acabó convirtiendo en un verdadero debate. Li
Cheng Yu temía pasar por la calle porque los muchachos gritaban
al ver a las pocas monjas taoístas que "los sacerdotes budistas
debían tomar por esposa a las monjas taoístas" Ella
tuvo que sufrir afrentas y presiones por todas partes, tanto de compañeros,
laicos, como sobre todo por parte de los mandos políticos que la
hostigaban. Tanto fue así que un día se untó
la boca con una pomada medicinal para sellarse la boca y no poder contestar
las preguntas insidiosas de los mandos locales. Así pasó
tres dias, sin comer, sin beber, sin hablar. Los mandos políticos,
finalmente al ver la firme resolución para seguir el camino taoísta
de Li Cheng Yu desistieron de su empeño de hacerla abandonar los
hábitos. Después de todo este asunto, finalmente accedieron
a reconocerla como monja taoísta, otorgándole una pequeña
asignación mensual. Ella acabó siendo una de los 24 famosos
monjes taoístas de Wudang, de la etapa posterior a la Revolución
Cultural China.
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